Guión de Mesías: Episodio 1, Parte 3

MARCUS H. MARTINS: Un tercio de esos espíritus escogieron el plan de Lucifer. Y Lucifer se rebeló y este tercio de los espíritus decidió seguir a Lucifer en esta rebelión. Esencialmente la naturaleza de su rebelión fue que ellos no aceptaron a Jehová como su Salvador. No hay “plan B”; por lo tanto, si usted no acepta el plan de Jehová, no se podrá salvar. Y es por esto que a él y a esos espíritus se les llama Perdición e Hijos de Perdición.

¡Oh, blasfemo discurso, falso y vano!

¡Quien oírle en el cielo imaginaria, y menos de tu boca!

¡Ángel ingrato! Sobre todos tus pares,

generoso, te ha ensalzado el Señor

¿Y sedicioso impíamente condenas

el decreto que Dios con juramento ha pronunciado

al Hijo declarando con regio centro por justicia ordenado

y a los coros celestes ordenando justo rey le confiesen,

su rodilla doblando por honor con fe sencilla? (John Milton, Paraíso Perdido, Libro V, 809–818 )

ALISON COUTTS: Aquí tenemos exactamente lo que vemos en Abraham, que Satanás quería su propio plan, quería olvidarse del albedrío, quería atar a aquellos que estaban libres.

MARCUS H. MARTINS: Básicamente esos espíritus fueron expulsados de la presencia de Dios para vagar por la tierra. Y el Señor les permitió estar aquí y tratar de tentarnos. Lo único que podemos deducir es que quienes vivimos ahora aquí, escogimos el plan del Salvador, que era el mismo plan del Padre. Confiamos que esta era la manera de regresar, o la única manera de regresar a la presencia del Padre y confiamos que Jehová realmente sería nuestro Salvador y que cuando llegara el momento, Él no fallaría en esta misión.

messiah jesus christ mormon filmS. KENT BROWN: ¿Qué podemos decir de la permanente pregunta de la relación entre Jesús y Jehová?

GAYE STRATHEARN: Usted sabe que durante siglos después que Jesús caminó en estas mismas playas, muchos académicos cristianos han tenido dificultad de reconciliar al Dios del Antiguo Testamento con aquel Jesús del Nuevo Testamento.

JOHN S. TANNER: Pienso que es por esto que muchas personas perciben que uno es exclusivamente un Dios de Justicia, y el otro es exclusivamente un Dios de misericordia. Por ello, tienen dificultad para aceptar que los dos son realmente uno y que éste sea Jesucristo.

GAYE STRATHEARN: Sí, muchos académicos sostienen que fueron los cristianos posteriores quienes, de cierta manera, forzaron la conexión entre los dos para justificar su nueva religión.

S. KENT BROWN: Ustedes saben, en la literatura patrística y otras fuentes sorprendentes, pienso que podemos confirmar que Jehová, quien alimenta a Su pueblo con maná en el desierto es también el Jesús que alimenta a los 5.000 con unas pocas hogazas de pan y peces, no muy lejos de allí.

ERIC D. HUNTSMAN: En una declaración atribuida a José Smith se dice que el profeta afirmó que el primer milagro de Jesús fue la creación. Parafraseando al élder Talmage, un milagro no es algo que rompe las leyes de la naturaleza, sino que es el ejercicio de leyes superiores que no entendemos, para alcanzar un objetivo deseado. Esto sale perfecto con el Himno de Logos, que mencionaba, que a través de la Palabra fueron creadas todas las cosas (véase Juan 1:3). Pero esta idea no es única del Himno de Logoso los escritos de Juan en los primeros textos cristianos. De hecho, en los escritos de Pablo, que probablemente fueron escritos antes que el evangelio de Juan, se encuentran referencias de que Jesús fue el Creador.

RICHARD D. DRAPER: Una de las tendencias de Pablo es el tomar las escrituras que se aplican a Jehová en el Antiguo Testamento y volver a aplicarlas en el Nuevo Testamento a Jesús Mismo. Pablo comprendió, al igual que lo hizo la primera comunidad cristiana, que Jesús ciertamente era el Jehová del Antiguo Testamento.

RICHARD HOLZAPFEL: Parece que las citas que Pablo tiene allí, o su alusión en el capítulo 10 del libro de Romanos, es simplemente parte de un debate más amplio de lo que los primeros cristianos habían hablado. ¡Se imaginan la sorpresa! El debate durante el ministerio de Jesús es: ¿Es Él un gran maestro?, ¿Es Él algún profeta enviado por Dios?, ¿es Él el sucesor de Juan el Bautista?, o de hecho ¿es Él el mashiakh, el Mesías, el Ungido que Dios iba a enviar? Y aquí Pedro anuncia que Él (Jesús) es el Mesías, pero aun más, Él es también el Señor.

CECILIA M. PEEK: Juan escribe, en el capítulo 8, versículo 58, después de una larga discusión con los fariseos y otras personas, ellos lo confrontan y le dicen: “Aún no tienes 50 años, y ¿estás insinuando que has visto a Abraham?” Y su famosa respuesta a esto fue: “Antes que Abraham fuese, Yo Soy” – y la frase griega acá es genesthai, que puede significar “antes de que Abraham fuese” o “antes de que Abraham naciera” o “antes de que Abraham existiera”, y luego Él usa esta palabra clave, Él dice, “Yo soy”, egô eimi, la cual es la misma frase usada en la traducción griega del Antiguo Testamento en Éxodo capítulo 3, versículo 14, donde el Dios del Antiguo Testamento se identifica a Moisés como “Yo Soy El que Soy”; así dirás a los hijos de Israel YO SOY me ha enviado a vosotros. Pareciera que Él está sugiriendo, con el uso de ese verbo, que Yo Soy el Dios del Antiguo Testamento, en otras palabras, Yo Soy Jehová. Y parece claro que esta audiencia interpretó Su respuesta de esta manera, porque Juan nos dice que inmediatamente ellos recogieron piedras para arrojárselas. En otras palabras, la sugerencia implícita es que ellos estaban dispuesto a apedrearlo por blasfemia porque Él estaba diciendo que Él era Jehová.

ANDREW C. SKINNER: Creo que en las páginas del Nuevo Testamento encontramos a un Jesús que está tan lleno de compasión que Él mismo no se puede refrenar; si ve a alguien que necesita ayuda, Su instinto natural es ir y socorrer a esa persona. Y aquí tenemos a la mujer del pozo, como lo dijo Juan en el capítulo 4, a la cual El reveló Su verdadera identidad. Ella estaba impresionada por la habilidad que Jesús tenía de predecir el futuro y es como si Juan nos revelara paso a paso cómo fue que ella se dio cuenta de quién era Él realmente. Y finalmente ella dice: “Sé que el Mesías ha de venir” y Jesús le dice, en un anuncio asombroso, asombroso “Yo Soy, el que habla contigo”. (Juan 4:26)

CECILIA M. PEEK: La historia de la mujer en el pozo para mí tiene uno de los significados más característicos de los temas centrales de Juan. Aquí vemos que Él se dirige a una mujer que es samaritana, quienes eran considerados por los judíos más tradicionales, como indeseables. Y aún así, Jesús habla con ella y se dirige a ella, y es más, Juan deja muy claro en su mensaje, que se trata de una mujer, cuya vida es, según los estándares de la ley, una pecadora. Cristo le pide que traiga a su marido y ella le contesta: “Yo no tengo marido”. Y Cristo conoce acerca del pasado de ésta mujer y se lo comunica. Y ella dice: “Me parece que Tú eres profeta” (véase Juan 4:19). Pero aún cuando Él comprende la condición pecadora e imperfecta de su vida–y no sólo se trata de una mujer judía sino de una mujer de Samaria a cuyos habitantes la comunidad judía despreciaba, Cristo continúa hablándole y tratando de acercarla a la fe.

Entonces cuando Él le dice a ella: “Yo Soy”, además de confirmarle Su identidad como el Dios del Antiguo Testamento, me parece que Él también está diciendo algo acerca de Su presencia absoluta. Quiero decir esto tanto temporalmente como en un sentido cronológico, que en este momento, todos los momentos están presentes. “Yo soy y seré siempre Dios y tu pasado tu futuro pueden resolverse en este momento de fe. Tu pasado puede ser perdonado y se puede asegurar tu futuro si crees ahora”.

Yo pienso que la mujer samaritana entendió y lo deja bastante claro porque al ir e informar a otros acerca de Él, ella les dijo: Conocí a un hombre que “que me ha dicho todo lo que he hecho ¿no será este el Cristo?” (Juan 4:29). Así que pienso que la combinación de Sus poderes proféticos en Su respuesta hacia ella y la confirmación de Su identidad como “Yo Soy”, ciertamente la lleva a convencerse que Él es el Cristo.

CAMILLE FRONK OLSON: Los primeros cristianos entendieron que Jesucristo era el Dios del Antiguo Testamento; entendieron que Él tenía una gloria y poder tremendos para crear la tierra, que Él fue antes que cualquier otra creación. Y aún así, Él, poniendo esa gloria a un lado, quiso nacer en la tierra como sirviente para morir por nosotros y realizar Su enorme sacrificio de Expiación.

RICHARD D. DRAPER: Tenemos que hacer lo mismo que hicimos en el cielo. Primero, tenemos que volver a ganar el testimonio que tuvimos. Segundo, vivir de acuerdo a los preceptos del evangelio para tener el espíritu de Dios en nuestras vidas y teniendo este espíritu, debemos tener la fortaleza para hacer lo mismo que hicimos antes. ¿Y que fue eso? Es el testificar con todo nuestro corazón y nuestra alma de que Jesús es el Cristo, y Él fue el Salvador preordenado , y que vino en el meridiano de los tiempos, el vino e hizo todo lo que prometió que Él iba a hacer. Y por lo tanto nos dio la salvación y es nuestro trabajo testificar de esta misma salvación que está hoy en Cristo.

ANDREW C. SKINNER: Podemos ver que Cristo amaba a la gente. Él anduvo por los pueblos y seguramente hay bastantes personas que son descendientes de aquellos que vivieron acá en esos tiempos de Jesús. Y podemos imaginárnoslo caminando por los pueblos. Él los amaba y se preocupaba por ellos y todo lo que Él quería era bendecir sus vidas.

ANDREW C. SKINNER: Es como si la Expiación fuera una salvación global. Es una salvación para todo el universo. Y aun cuando uno camina por esos pueblos, uno puede tener la sensación de que en realidad la salvación es individual, que Él está interesado en cada persona como individuo, sus deseos, sus anhelos, sus necesidades, sus sufrimientos. Y lo que Él hace es que Él toma tiempo para curar sus carencias específicas, como lo hemos dicho, pero, Él también se toma el tiempo para sanar a la persona de manera integral. Y cada individúo redimido forma parte de la salvación universal.

En la búsqueda sincera para conocer y entender al Jesús de la historia, al hombre mortal, los Santos de los Últimos Días aceptan las verdades sobre la historia de Jesús, la que se extiende más allá de la fundación del mundo; que antes que Él caminara por los senderos de Palestina, él era el Jehová del Antiguo Testamento, quién bajo la dirección de Su Padre, “creó los cielos y la tierra y todas las cosas que en ellos hay” (3 Nefi 9:15).

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